Viernes, ya había pasado la primera noche de festival. Me encontraba tumbado sobre el esterillo, en la sauna que teníamos como tienda de campaña, el sol incidía a las 12 de la mañana en nuestras caras cansadas, aun recuperándonos de la resaca musical vivida durante el día anterior.
Un vaso de leche y unas galletas de una amiga. Tras el desayuno nos dispusimos a marchar hacia la piscina rápidamente para despertarnos.
Piscina recién acondicionada según la organización, y por lo que veo les salió bastante cara…
“¿3 euros para entrar? ¿Y que sin gorro no me puedo bañar?
¿El gorro vale otros 3 euros? ¡Por dios! ¿Queréis un riñón? ¿Qué es todo esto?
¡Por lo menos mañana espero que no paguemos de nuevo!…¿Qué si? ¡Me cuesta menos irme a Cancún! ”.
“Dichoso gorrito, ¡No me entra!”
“Mira que gracia, esta Noel Gallagher de socorrista, ya te devolveremos lo del gorrito campeón”.
Muchas anécdotas en la piscina. Aunque sin más dilaciones paro de contar tonterías como las cervezas que nos tomamos entre Montevideo y Ama, que por suerte o desgracia no pudimos ver.
Se hacia de noche, nos dirigimos hacia la zona de conciertos cerveza en mano. Llegamos justo cuando Bloomington empezó con la versión de los Surfin’ Bichos, esta fue “Rifle de repetición”, no estuvo mal, como la parte de concierto que pudimos ver.
Después de los extremeños llegaba el primer plato fuerte de la noche, no son otros que los Clovis, con Cristina y Fino a la cabeza. Estábamos deseosos por que salieran al escenario de una vez. Sonido estupendo, gran puesta de escena, canciones que nos hicieron vibrar sin tiempo al descanso, y no es de extrañar con temas como “Metamorfosis”, “La máquina del tiempo” o “Leche y galletas”.
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